
Rosendo Fraga (h)
Director de Análisis e Investigación en gormanlee.com (*)
En octubre de 2022 publicamos una nota en Clarín titulada Argentina, última en un ranking internacional de inclusión financiera. En ella analizábamos los resultados de un nuevo índice, el Global Financial Inclusion Index, creado por el Principal Financial Group y el Centre for Economics and Business Research (Cebr), en el que la Argentina figuraba en el último puesto de los 42 países analizados, por debajo de Ghana y Nigeria.
Este ranking mide cuán efectivamente los países promueven la inclusión financiera a través de tres actores: el gobierno, el sistema financiero y los empleadores. El informe mencionaba expresamente respecto al caso argentino: “El país ha repatriado gran parte de su sistema financiero y lidiado con la alta inflación y los incumplimientos soberanos, todo lo cual ha paralizado la economía y probablemente dañado la confianza empresarial”. La foto de entonces era la de una economía cerrada sobre sí misma, con baja digitalización y un acceso desigual a servicios financieros básicos.
Esta semana se publicó la edición correspondiente a 2025 de este índice y presenta un panorama muy diferente al de tres años atrás para la Argentina. Con 46,2 puntos y el puesto 28, el país registra el mayor salto de toda la muestra desde la creación del índice. ¿Qué cambió?
En estos tres años, el avance argentino puede medirse en los tres pilares del índice: el apoyo del gobierno, el apoyo del sistema financiero y el apoyo del empleador. En todos los casos, el país mejoró su desempeño, aunque la magnitud y las causas de esa mejora fueron diferentes.
El cambio más notable se dio en el pilar del sistema financiero, donde la Argentina pasó de apenas 11,2 puntos en 2022 -último lugar entre los 42 países- a 46,2 puntos en 2025. Esa suba de más de 35 puntos refleja la modernización del ecosistema financiero y la aceleración de la digitalización en los últimos tres años. Según el informe, “la Argentina ha sido el ejemplo más destacado del impacto de la digitalización, aumentando su puntaje total en 28,9 puntos entre 2022 y 2025, y su puntaje en el pilar de sistema financiero en 40,3 puntos”. El documento agrega que la rápida mejora de la Argentina se basa en la digitalización de su infraestructura financiera y en reformas destinadas a crear “un mercado más fuerte y libre” y que el país “se ha convertido en uno de los mercados más sofisticados en la adopción generalizada de pagos en tiempo real a través de múltiples plataformas”.
El segundo componente en el que se observa un salto importante es el pilar de apoyo del gobierno, que pasó de 21,3 puntos en 2022 a 44,6 puntos en 2025. Detrás de esa mejora se encuentran reformas orientadas a fortalecer los marcos regulatorios y la protección del consumidor financiero. El informe destaca que “el progreso de la Argentina se apoya en dos indicadores notables: los esquemas de protección de depósitos (con un aumento de 10,6 puntos) y los derechos de prestatarios y prestamistas (con un incremento de 13,9 puntos)”, los cuales reflejan “el fortalecimiento de los marcos institucionales destinados a salvaguardar las finanzas de los hogares y el ahorro a largo plazo”. También señala que el puntaje del sistema de pensiones públicas aumentó en 7,7 puntos desde 2022, un reflejo de la incorporación de “cientos de miles de trabajadores informales al sistema y los ajustes automáticos por inflación en los haberes jubilatorios”.
El tercer pilar, el apoyo del empleador, es el que muestra un comportamiento más estable. En 2022 había sido el punto más alto para la Argentina con 44,9 puntos, pero en 2025 ya asciende a 53,4. Este pilar mide el grado en que las empresas respaldan el bienestar financiero de sus empleados -a través de aportes jubilatorios, seguros y programas de educación económica-. En esta edición, el informe observa que “las iniciativas empresariales para apoyar la salud financiera de los trabajadores son más comunes en grandes compañías, pero su adopción en pequeñas empresas sigue siendo limitada”, lo que confirma que, aunque sigue siendo el componente con mejor puntaje del caso argentino, todavía hay margen de expansión hacia los segmentos de menor escala.
En conjunto, la mejora de 28,9 puntos entre 2022 y 2025 y el ascenso de 14 posiciones en el ranking global parecen reflejar un cambio estructural: la convergencia entre innovación tecnológica, una regulación más clara y un entorno de estabilidad en aumento. Sin embargo, también marcan el comienzo de una nueva etapa. Después del salto inicial, el propio informe advierte que la mejora de 2025 fue de sólo 1,5 puntos respecto al año anterior, señal de que el crecimiento se está moderando.
Mientras buena parte de América Latina muestra cierto estancamiento o incluso leves retrocesos -Chile se mantiene prácticamente sin cambios pero Brasil y Colombia están en caída-, la Argentina aparece como la excepción regional. El desafío, a partir de ahora, residirá en sostener todos estos logros: mantener la confianza, profundizar la educación financiera y garantizar que los avances en los tres pilares se transformen en una inclusión más duradera y equitativa.

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